MACHISMO ILUSTRADO. EL MITO DEL AMOR.

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Socialismo científico es el nombre del libro de Carlo Frabetti, donde aparecen los dos capítulos de los que os resumiré las principales ideas.

 MACHISMO ILUSTRADO.

Aunque se haya evolucionado bastante en las últimas décadas, el machismo sigue siendo la principal lacra de nuestra cultura. Las luchas feministas han puesto en evidencia los dos grandes modelos totalizadores del siglo XX: la arbitrariedad del psicoanálisis y la insuficiencia del marxismo.

En los años setenta se extiende entre las feministas un debate sobre la compatibilidad del feminismo con el marxismo.

Frabetti afirma que el feminismo es inseparable del socialismo, y viceversa (igual que la semántica de la semiótica en el lenguaje), ya que el socialismo lucha por la liberación de los oprimidos, y como apunta Engels: la explotación machista es la primera y la base de todas las demás.

Por tanto, ambas se contienen mutuamente, desarrollándose mediante un proceso dialéctico que se inició cuando los primeros guerreros empezaron a tratar a sus mujeres como esclavos  a los esclavos como sumisas mujeres.

Pese a no ser equiparable a la lucha de clases, la relación entre hombres y mujeres tiene muchas de sus características.

Parece una locura afirmar que la clase social puede estar determinada genéticamente, pero cuando lo biológico determina una misma situación social la cosa cambia. Frabetti pone el ejemplo de los negros en EEUU antes de la Guerra de Secesión: si la mayoría de los negros son esclavos, y la mayoría de los esclavos son negros, los negros, por tanto, constituyen una clase social.

La opresión no es tan simple como para reducirla al hombre-mujer, sino que hay un entramado mucho más complejo, ya que nos relacionamos a través de grupos en los que adoptamos distintos roles; el explotado en el trabajo puede ser un explotador en su casa. Por tanto, ver la lucha de clases como dos bloques compactos sería un error;. A lo largo de la historia siempre se han librado dos batallas simultáneas: ricos contra pobres y hombres contra mujeres.

La corbata y los tacones.

La tradicional división india de la sociedad en cuatro castas, realmente era una división en dos: hombres y mujeres; y la primera se subdividía en cuatro. Algo que vemos tan lejano y retrógrado, no tiene mucha diferencia con lo que pasa actualmente: la monopolización del poder (económico, religioso y militar), puesta en manos de los hombres. Por eso, actualmente, la mayoría de los hombres llevan uniforme (traje) como los sacerdotes y los guerreros.

La corbata es un elemento que otorga cierto nivel, cierta clase; es lo que distingue al señor de la mujer y del obrero. Lejos de ser una prenda de vestir, es todo un símbolo, que nos recuerdan que pertenecen a una clase, con unos privilegios a los que no están dispuestos a renunciar. En el sentido opuesto, los zapatos de tacón, que limitan la movilidad y realzan nuestra condición de objeto erótico.

EL MITO DEL AMOR.

Hay personas que afirman que no se puede renunciar al patriarcado por la razón de que hombres son más fuertes y agresivos que las mujeres y las protegen; este pensamiento es lógico si nos encontramos en una sociedad basada en la explotación y en la competitividad, pero si estuviéramos en una basada en la colaboración, la razón primaría a la fuerza.

Y, ¿cuál es la máxima expresión de la colaboración? El sexo. Esta colaboración coexiste con la competencia intergenérica, una situación que habitualmente coloca a la mujer en un plano de dependencia material y moral. Esta opresión genera gran tensión, que nuestra sociedad ha aliviado creando (o reforzando) el mito del amor.

Nos bombardean constantemente con mensajes que lo exaltan y lo presentan como nuestra máxima aspiración. Al ser los únicos mamíferos hiperdependientes, hipersexuados y orgásmicos, no es de extrañar que el amor sea el mito nuclear de nuestra cultura. Es una religión encargada de poner al hombre y a la mujer (de clases enfrentadas) al mismo nivel.

El enamoramiento, es un acto de fe, la irracional creencia de que nuestros impulsos eróticos, condicionados por la educación y la experiencia infantil, responden a algún tipo de inspiración divina, por lo que es más un reflejo condicionado que una elección.

Además de ser una de las principales causas de sufrimiento, el amor es un gran obstáculo en el camino hacia una sociedad libre, puesto que exalta la dependencia y la posesividad.

Cuando Marx dijo que la religión es el opio de los pueblos, se olvidó de añadir que, de todas las religiones, la más arraigada y peligrosa es el culto a Eros.”

Sara García Contreras.

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EL TERROR Y LA EDUCACION DE LAS NIÑAS

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El terror y la educación de las niñas 

El pasado mes de abril 230 niñas y jóvenes fueron secuestradas en una escuela cristiana en Nigeria. Los responsables del hecho pertenecen al grupo islamista Boko Haram, un grupo militante islamista cuyo nombre significa “la educación Occidental es un pecado”. El grupo se opone especialmente a la educación de las mujeres. Según su versión de la sharia (estado separado bajo la ley islámica), las mujeres deben estar en casa criando a los niños y cuidando a sus esposos, no en la escuela aprendiendo a leer y escribir. 

Tras el secuestro, el líder de la guerrilla islamista envió un video a un número reducido de medios de comunicación en el que asegura que las niñas serán “vendidas como esclavas” u “obligadas a casarse por la fuerza” y adelanta que “pronto” habrá más ataques.

Una de las niñas secuestradas que logró escapar (53 niñas y jóvenes han logrado escapar hasta el momento) ha relatado que las rehenes más jóvenes sufrían hasta 15 violaciones al día y que fue entregada como esposa a uno de los líderes de la secta.

En el video al que me he referido, Abubakar Shekau, el líder del grupo yihadista nigeriano dice: “He secuestrado a vuestras hijas y voy a venderlas en el mercado, porque así me lo pide Dios. Chicas, tenéis que casaros”. En muy pocas palabras, las han secuestrado porque las chicas se dedicaban a estudiar en lugar de haberse casado.

Pueden ver un fragmento del video aquí: http://www.youtube.com/watch?v=qFmndMuDTH0    

Un evento similar vivieron jóvenes universitarias pakistaníes el año pasado: Las jóvenes se movilizaban en el ómnibus exclusivo para mujeres de la Universidad Femenina Sardar Bahadur Kahn, el único centro de estudios superiores al que pueden asistir las damas de la provincia de Baluchistán. Una bomba colocada por un grupo islámico radical estalló en medio del recorrido. Para hacer más terrible la situación, algunas de las sobrevivientes fallecieron después de que el hospital al que fueron llevadas se convirtiera en escenario de un tiroteo entre insurgentes y las fuerzas de seguridad locales. 

En ese mismo país, Malala Yousufzai, de 15 años, fue atacada por los talibanes en octubre por escribir en su blog acerca de la necesidad de educación para las niñas en el valle de Swat (noreste de Pakistán) y acusar a los talibanes de fomentar la ignorancia.

Pueden escuchar el discurso completo de Malala en las Naciones Unidas a favor de la educación de las niñas en este enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=UJZHFlao88Y 

Como muchos otros grupos extremistas islámicos, los militantes de Boko Haram no sólo objetan la escolarización femenina, sino que apelan a la violencia para desincentivarla. Y lo hacen porque, como dice Ángeles Espinoza, “Sin formación, la gente resulta más fácil de manipular. La escuela aumenta la autonomía de las mujeres (las más educadas también tienden a casarse más tarde, tener menos hijos y a adquirir independencia económica). Eventualmente, eso les lleva a querer tomar las riendas de sus vidas y entonces ponen contra las cuerdas el sistema patriarcal, que los yihadistas justifican en la sharia, o ley islámica, dando así argumentos a quienes consideran misógino el islam.”

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Fuentes:

http://elcomercio.pe/mundo/actualidad/mala-educacion-talibanes_1-noticia-1594419

http://blogs.elpais.com/mujeres/2014/05/por-que-los-extremistas-musulmanes-temen-la-educacion-de-las-mujeres.html

 

PALOMA SOUSA LEAL

Identidades de género.

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La identidad de género o genérica se trata de la forma en la que una persona se reconoce, es una percepción subjetiva de uno mismo que orienta las conductas y la forma de ser en relación al género con el que uno se identifica. Todos tenemos una identidad de género y ésta es independiente de nuestro sexo, orientación sexual, edad, nivel socio-económico, etc.

La identidad de género es un proceso tan importante y de tan altas repercusiones en la vida diaria, que se requiere que la sociedad replantee las normas que impone a los niños y niñas para comenzar a desempeñar sus papeles, ya que estas exigencias sólo apuntan a la generación de la discriminación social, política, económica, laboral y familiar de ambos sexos.

 

Para poder comprender este tema es necesario aclarar primero el concepto de género:

  • El género se trata una construcción sociocultural que se nos impone como un estado social y legal que nos identifica como niñas/niños, mujeres/hombres.

Dentro de éste existen dos categorías que se encuentran institucionalizadas en la sociedad y por tanto completamente aceptadas: “mujer” y “hombre”. No obstante, existe una tercera categoría denominada tercer sexo o genderqueer que hace referencia a todas aquellas personas que no se perciben encasilladas dentro de una clasificación, sino que son:

  1. Personas que se identifican con las dos categorías por igual (“identidad bigénero”).
  2. Personas que se identifican con una mezcla de ambas categorías (identidad intergénero”).
  3. Personas que rotan su identidad de género adecuándose al contexto social (“género fluido”).

 

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Dentro de las identidades de género existe una extensa clasificación:

  • Cisgénero: personas cuya identidad de género y sexo biológico son concordantes al comportamiento socialmente asignado.
  • Andrógina/o: presencia de rasgos físicos o psicológicos de determinado género en un individuo de otro género.
  • Travesti: cualquier persona de cualquier sexo que utilice una vestimenta socialmente asignada al género opuesto ya sea por fetiche, diversión, etc.
  • Transgénero: la no identificación de las personas con el género que se le asignó al nacer, basándose en su genitalidad. Una persona transgénero puede estar disconforme con su género pero no necesariamente con su sexo biológico.
  • Transexual: personas transgénero que someten su cuerpo a tratamientos hormonales u operaciones para modificarlo y hacerlo coincidir con su identidad de género.

Adentrándonos en campo legal, en 2007, se aprobó una Ley (3/2007 de 15 de marzo) que permite solicitar la rectificación de la mención registral del sexo (Art. 1), lo que deberá conllevar el cambio del nombre propio de la persona, a efectos de que no resulte “discordante” con su sexo (Art.2).
No obstante, no existe una Ley de Identidad de Género, pese a que se lleva mucho tiempo luchando porque se establezca.
Una Ley de Identidad de Género, debería regular la protección de los datos públicos y al mismo tiempo de carácter privado para las personas trans, como el nombre y sexo legal cuando no se ha procedido a su rectificación registral (la ley no permite que cualquiera rectifique los datos; hoy en día es un pre-requisito haber recibido previamente un diagnóstico psiquiátrico que acredite que la persona posee disforia de género). Debería también regular la protección de los menores de edad y establecer medidas antidiscriminación.
Ahora bien, no todo son malas noticias. El mundo avanza y Lulú con él (foto de arriba).
Se trata de una pequeña argentina de seis años que a tan temprana edad ya se dio cuenta de que no quería ser un hombre.
La niña comentó a sus padres cómo se sentía y ellos comenzaron una serie de trámites para que fuese posible realizar un cambio en la partida de nacimiento del niño. Hoy, esto ha supuesto el primer caso en el mundo de este tipo en el que no media un sólo fallo judicial.
Marta Gómez Martínez-Cabañas

 

La mujer del siglo XIX

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Durante el siglo XIX el futuro que esperaba a las mujeres era el matrimonio y la maternidad. Este modelo de vida era impulsado por las propias madres y llegó a institucionalizarse en la educación, buscando el prototipo de mujeres sumisas, honestas, piadosas, laboriosas y educadas desde la moralidad.

También la prensa ejercía un importante papel en cuanto a la difusión del modelo mediante numerosas revistas como El Defensor del Bello Sexo, La Madre y El Niño, La mujer, etc.

En la segunda mitad del siglo, la alfabetización de las mujeres mejoró notablemente por la puesta en marcha de varias leyes, especialmente la Ley Moyano, que obligaba a las mujeres a recibir una educación, aunque ésta fuera doméstica y muy ligada a la religión. Se basaba principalmente en tres pilares: económica doméstica, saber social y práctica en la beneficencia. Aunque las leyes prohibieran el trabajo infantil y la obligatoriedad a la escolarización, las niñas de las clases más populares no asistían al colegio debido a su temprana incorporación al trabajo.

En relación a los aspectos jurídicos y económicos de la familia y del matrimonio, el sistema liberal español se inspiró en el Código de Napoleón. Las mujeres solteras dependían del padre, mientras que las casadas del marido. La Iglesia y el Estado tenían potestad sobre el matrimonio, que se celebraba mediante un ritual y que obligaba a los cónyuges a la cohabitación y socorro mutuos. Además, el art. 57 del Código Civil obligaba al hombre a proteger a la mujer y a ella a obedecerle. La tutela de los hijos correspondía al padre, ya que el Código Civil incapacitaba a la madre para ejercerla. Por otra parte, el divorcio no estaba permitido, excepto en algunas ocasiones como el adulterio, que según el Código Penal acusaba a la mujer como delincuente y al hombre como culpable.

La aportación femenina a la economía familiar se materializaba con la transmisión de un patrimonio desde la familia de origen de la mujer y en su trabajo personal. Además la mujer al contraer matrimonio entregaba la dote (donación de bienes) al marido. La composición de la dote era muy variada, pero normalmente estaba compuesta por el ajuar, la propiedad, los efectos públicos, capital a interés, acciones, dinero metálico, alhajas, créditos a favor, etc. También se podían integrar los regalos de los padres, del novio o de familiares y de los amigos.

Por otra parte, las niñas y adolescentes eran piezas fundamentales para las estrategias matrimoniales, básicamente endogámicas en el caso de la nobleza más próxima a la Corona y homogámicas (dinero/prestigio social) en el resto de los grupos poderosos.

El trabajo que desarrollaban las mujeres se podía distinguir según su posición social:

  • Las mujeres de la élite: muchas de ellas pudieron ejercer una influencia política debido a su proximidad con la monarquía, por el apoyo a los trabajos de sus maridos y manteniendo abiertos salones (lugares de encuentro para sellar alianzas matrimoniales, pactos políticos o planear acuerdos económicos) y tertulias. Otras muchas se dedicaron a la beneficencia, lo que permitió que éstas demostraran su capacidad de organización y su eficacia administrativa. Se crearon asociaciones como Las Hermanas de la Caridad y órdenes religiosas que principalmente eran de carácter femenino. Por último, un grupo minoritario de mujeres se dedicaron a los negocios de carácter especulativo.
  • Mujeres de las clases medias: aunque la mayoría de ellas se dedicaban a las labores de la casa y al cuidado de los hijos, algunas emprendieron actividades comerciales.

    El sector con mayor presencia femenina era el de Alimentación, bebidas y combustible, con un 40% en los puestos de verduras y hortalizas, un 30% en los de jabones y aceites, un 10% en las tiendas de ultramarinos y un 20% en las tiendas de confección. También en las casas de huéspedes y las casas de préstamos había una presencia femenina apreciable.

    La incorporación de las jóvenes de clase media al mercado laboral no fue fácil, ya que no estaba bien visto que una “señorita” realizase este tipo de trabajos. La ocupación mejor aceptada era la de maestra, seguida de la de institutriz, profesora de piano o idiomas, matrona, empleada, telegrafista y telefonista. Excepcionalmente algunas mujeres pudieron ejercer la medicina. Esto fue posible gracias a los avances que hubo en las escuelas de formación para mujeres.

  • Las mujeres de las clases populares: el salario que recibían las mujeres por trabajar era muy inferior al de los hombres. Los padres de familia no querían que sus esposas e hijas trabajaran ya que suponía un alejamiento del núcleo familiar, pero la imposibilidad de mantener a una familia con un sueldo obligó hacia imprescindible el trabajo de mujeres y niños.

    Entre las ocupaciones de estas mujeres se encontraba la cigarrera, la modista y la de criada. La mayoría de estos trabajos estaban pagados con un sueldo muy bajo y las condiciones de trabajo eran insanas. Otro trabajo tradicional entre las mujeres más humildes era el de la lavandería.

Aunque hubo mejoras para acabar con la analfabetización de las mujeres y para su formación, su situación frente a los hombres seguía siendo muy desigual tanto jurídicamente como socialmente. Además, no todas las mujeres pudieron vivir esta situación ya que las diferencias entre las clases sociales permitían a unas beneficiarse de los avances y a otras no.

Patricia Gómez Torres

 

 

LA MARCHA DE LAS PUTAS

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La Marcha de las Putas

La Marcha de las Putas es una movilización callejera, que se da en numerosos países occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Australia, India, México, Argentina, Colombia, Costa Rica, Perú, Ecuador y Uruguay), como forma de protesta contra las violaciones de los derechos que viven las mujeres en los diferentes espacios públicos y su vulnerabilidad frente a los embates sexuales del sexo opuesto.

La “Marcha de las Putas” es un movimiento que surge en Canadá en abril de 2011, a raíz de las declaraciones que diera el policía Michael Sanguinetti durante una conferencia sobre seguridad ciudadana en la Osgoode Hall Law School de Toronto, donde aseguró que “las mujeres deben evitar vestirse como “putas” para no ser víctimas de violencia sexual”. The “Slutwalk” (como se denominó la primera marcha) es una denuncia pública en contra de todas las formas de violencia hacia las mujeres y de la estructura social e institucional que la reproduce y la justifica. Este movimiento ha recorrido hasta el momento más de 60 países.

 

¿Por qué marchan?

Este movimiento a favor de los derechos de la mujer intenta convertirse en una protesta contra la violencia de género, la discriminación, el abuso sexual, la opresión hacia la mujer, el feminicidio, la misoginia, las prácticas sexistas, patriarcales, machistas, capitalistas (que enajenan a las mujeres y las hacen objetos sexuales que responden a una lógica de consumo).

 

¿Por qué el nombre de “La Marcha de las Putas”?

A primera vista, parece que el nombre de la Marcha es contraproducente con el mensaje que quieren transmitir.  La palabra “puta” ha sido comúnmente utilizada con una connotación negativa, asociada a las trabajadoras sexuales. Sin embargo, hoy en día, el término ha pasado a otros ámbitos, sirviendo como insulto o etiqueta para el comportamiento de mujeres que se encuentran fuera de lo que la sociedad considera adecuado y aceptable, incluyendo obviamente a quienes se visten “provocativamente”. El sentir de gran parte de la sociedad machista que estigmatiza a quienes usan faldas cortas y escote,  reflejado en los comentarios del policía Sanguinetti, busca restringir la libertad de que las mujeres se vistan como se sientan más cómodas. Si vestirnos como queremos nos hace putas, entonces ahora marchamos las “putas” reclamando respeto. Esto NO quiere decir que consideremos que las trabajadoras sexuales no sean dignas de respeto. Creemos que toda mujer, en tanto persona, y con independencia de su ocupación, debe tener la libertad de expresar su sexualidad sin que se vulnere su dignidad.

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¿Qué se busca con la marcha?

  • Manifestar de manera pública la constante vulneración a la que se ven expuestas todas las mujeres en el día a día.  
  • Sensibilizar tanto a hombres como a mujeres tratando de promover el principio del respeto mutuo para lograr una sociedad libre de estereotipos.
  • Reivindicar a las víctimas de los delitos sexuales.
  • Introducir la problemática de la vulneración silenciosa de los derechos de la mujer en la agenda política y promover la construcción de legislaciones que los garanticen.

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 Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Marcha_de_las_Putas

 

Aclarando términos

Tambien nosotras, las mujeres, podemos reflexionar. 

Hace algunos meses, encontré un artículo en Internet, que venía a decir más o menos lo siguiente:

¿Quién es “puta”? ¿Eres “puta”? ¿Somos “putas”? A la gente le ha dado por llamar “puta” a casi todas las mujeres. Desde hace ya mucho tiempo, venimos usando el término “puta” como adjetivo calificativo, y sin anestesia, para cualquiera de los siguientes contextos:

– La que no quiere tener pareja, pero sí quiere tener sexo.

– La coqueta.

– La que está detrás de tu chico.

– La que baila con todos.

– La que le pone los cuernos a su chico.

– La que es más bonita que tú.

– La que se enrolla con varios hombres en una noche.

Está claro, por los contextos descritos, que no son los hombres a los únicos que vamos a culpar por el uso indiscriminado del adjetivo. Somos las propias mujeres las que llevamos la batuta. Y de hecho, somos las propias mujeres las que tendríamos que pensárnoslo dos veces antes de usar el término como mero mecanismo de defensa ante nuestras propias inseguridades. Calificarnos, entre nosotras, como “putas” por cualquier “error” u “ofensa” que causemos en otras de nosotras, es perpetuar la idea de la mujer como objeto sexual.

Hablemos claro. Una “puta” o “prostituta” es una persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero. Y, en un intento de parafrasear aquél artículo que resonó tanto en su momento:

– La que no quiere tener pareja, pero sí quiere tener sexo, NO ES PUTA. Es una mujer que piensa que no es requisito indispensable tener un vínculo amoroso con otra persona para tener relaciones sexuales. Reconoce que el sexo y el amor no siempre deben ir de la mano. Y aunque en algún momento “hacer el amor” para ella sea la mezcla de ambas cosas (sexo y amor), sabe que en muchos otros momentos ella tendrá necesidades fisiológicas y está dispuesta a satisfacerlas sin un “te amo” de por medio.

– La coqueta  NO ES PUTA. Es una mujer a la que le gusta llamar la atención y sentirse admirada; algo que, sin duda, nos gusta a todas. Algunas de nosotras, a través de nuestro intelecto; otras, por medio de nuestra belleza exterior. En cualquier caso, la necesidad de que acaricien nuestra autoestima no es un delito y no hace daño a nadie.

– La que está detrás de tu chico NO ES PUTA. Es una mujer insegura. Siente la necesidad de “demostrarte” a ti y a ella misma que puede “ser mejor que tú” y que “si ella quisiera”, te “quitaría” a tu chico; porque de esa forma, ella reafirma su ego y no se siente “menos”.

– La que baila con todos NO ES PUTA. Le gusta divertirse y pasarlo bien.

– La que le pone los cuernos a su chico NO ES PUTA. Es una mujer infiel, sí, pero eso no la califica como prostituta. La mayoría de las mujeres infieles cometen ese error porque no se sienten amadas o ni si quiera valoradas por su pareja. Puede tener baja autoestima, pero eso no es ser puta.

– La que es más bonita que tú NO ES PUTA. Ella va al gimnasio o sale a correr todas las mañanas, se preocupe por verse y sentirse bien. Eso no la hace una prostituta. Llamar “puta” a una mujer más bonita que tú es una clara muestra de envidia e inseguridad.

– La que se enrolla con varios hombres en una noche NO ES PUTA. Es muy probable que se haya pasado de tragos y por lo tanto se haya ido de boca en boca, pero eso no la hace una “puta”.

 

http://peru.com/mujeres/ellas-dicen/ellas-dicen-que-puta-noticia-160137

 

Paloma Sousa Leal

SOCIEDADES MATRIARCALES

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La palabra matriarcado viene de la palabra latina māter, “madre”, así como de la palabra griega archein, “gobernar”. Un matriarcado es una sociedad en la cual las mujeres, especialmente las madres tienen un rol central de liderazgo político, autoridad moral y control de la propiedad y de la custodia de sus hijos

En algunas sociedades el prestigio social y la adscripción de bienes y posesiones se recibe por vía materna, más que por vía paterna. Eso en general implica que en algunas sociedades son las mujeres quienes heredan las tierras familiares y no los hombres. En muchas sociedades matrilineales las mujeres tienen un poder decisorio sobre asuntos familiares razonablemente importantes. La posición social viene de la madre más que del padre y las familias extensas y las alianzas tribales se establecen sobre líneas sanguíneas femeninas.

La mujer está a cargo de la distribución de los bienes para el clan y, especialmente, de las fuentes de nutrición, campo y comida. Esta característica hace que todos los miembros del clan dependan más de la matrilinealidad y matrilocalidad, y esto le otorga a la mujer una fuerte posición en las sociedades que hoy son consideradas matriarcales.

Algunas de las sociedades conocidas donde ha existido esto ha sido en la Confederación Iroquesa y en la tribu Minangkabau.

La Confederación Iroquesa es un ejemplo de sociedad matrifocal, donde las mujeres juegan un papel central dentro de la sociedad. Las mujeres iroquesas eran jueces y mediadores, jugando un principal en la cultura política. Las mujeres poseían toda la tierra, cultivos y cualquier alimento que los hombres obtuvieran a través de la caza y la pesca. Por lo tanto tenían el papel de distribuir estos bienes en la sociedad. También jugaban un papel central en los servicios religiosos, ya que la mayoría de los cuidadores de la fe de los iroqueses eran mujeres.

La tribu Minangkabau son el cuarto de los mayores grupos étnicos de Indonesia. Son conocidos por los antropólogos como la sociedad matrilineal moderna más extensa hoy en el mundo. Constituyen un 3% de toda Indonesia, y una cuarta parte de la población de Sumatra. Son famosos en Indonesia y Malasia por su sistema social matrilineal y el ancestral modelo de propiedad heredado por las mujeres.

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Hay cierta verdad en la noción de que las mujeres dirigen la sociedad Minangkabau. Por ejemplo, los maridos se mudan al hogar de sus esposas tras el matrimonio, donde se espera que él aporte sus ingresos y trabajo. Las mujeres heredan las tierras de los ancestros, campos de arroz y granjas, junto con las casas de sus abuelas. Las mujeres dirigen y supervisan la productividad de las tierras, con la cooperación de sus hermanos y los hombres de mayor edad de su clan matrilineal. Las mujeres tienen privilegios y poder por la creencia de que los seres humanos debemos seguir los ritmos de la naturaleza para nutrir la vida social.

En términos científicos, puesto que la infancia depende de sus madres, mujeres y naturaleza deben ser protegidas y reforzadas de forma institucional para asegurar el paso saludable de una generación a otra.

Podemos encontrar en la historia otras sociedades matrilineales en la India, todas estas sociedades demuestran las estructuras sociales matrilineales en las que la heredad, nombre o membresía del grupo es pasada a través de la línea femenina.

El judaísmo ortodoxo provee también de una forma ligera de descendencia matrilineal en la historia. Aunque la cultura judía tiene una descendencia patrilineal en la mayoría de las áreas, incluyendo el sacerdocio, la realeza y la afiliación tribal, utiliza la descendencia matrilineal para determinar el estatus judío. Esta es una forma de matrilinealismo, incluso aunque la sociedad judía no se considera un matriarcado.

El hecho de que hayan existido o existan sociedades en las que la mujer ejerce una posición importante en la estructura de la sociedad y constituya el elemento primordial en la familia, ejemplifica que la mujer no ha estado sometida ni subordinada en todos los continentes ni en todas las épocas y evidencia que la subordinación femenina no es innata ni un hecho universal.

Esther Flaj Prados

TRATA DE MUJERES

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Trata de mujeres

 

La Convención sobre la esclavitud (Ginebra, 1926) definió el término “esclavitud” como “el estado o condición de las personas sobre las que se ejercen todos o parte de los poderes atribuidos al derecho de propiedad”.

 

Aunque es un término que nos remonta a la época colonial, la esclavitud es una realidad que viven muchos seres humanos en la actualidad. La esclavitud moderna adopta muchas formas, y una de ellas, que afecta especialmente a la mujer, es la trata con fines de explotación sexual.

 

En el mundo, cerca de 4.000.000 de personas son víctimas de trata cada año. El 75% de las víctimas son mujeres. Y entre el 10% y el 30% de esas mujeres son menores de edad.

 

La trata de mujeres para la explotación sexual atenta contra diversos derechos fundamentales como el derecho a la vida, la libertad, la integridad física y moral, la libertad sexual, la salud, la intimidad y la dignidad humana.

 

Las víctimas de la trata son mujeres a las que se ha convertido en un objeto, una mercancía para que otros ganen dinero a su costa (casi 12 millones de dólares por año en todo el mundo). Tienen de 18 a 35 años, hacen 20 o 30 servicios sexuales en un día, casi siempre sin protección. Viven sin dormir, para ellas no hay diferencia entre el día y la noche, algunas están en clubes y en pisos, otras son obligadas por sus proxenetas a permanecer en las cunetas de la carretera o en polígonos industriales.

 

Según datos del Proyecto Esperanza y la Asociación APRAMP:

 

18.000 engañadas: la Guardia Civil calcula que todas estas mujeres han sido introducidas bajo engaño para ejercer la prostitución en las calles o en clubes de alterne de nuestro país, pero se trata de cifras basadas en sus propias inspecciones y que están muy lejos de los números reales.

 

  • 20 a 40 años: según los estudios de APRAMP, el cliente habitual en 1998 era un varón casado y con cargas familiares, mayor de 40 años, mientras que en la actualidad abundan los jóvenes de 20 a 40. Cuanto más rejuvenece la clientela, más aumenta la visión de la prostitución como parte integrante de la oferta de ocio. La fantasía del exotismo también propicia la experiencia.

 

  • 80% en clubes: ocho de cada 10 mujeres que se prostituyen en nuestro país lo hacen en clubes de carretera. El mayor número de estos locales se concentra en torno a las grandes autovías, en Palencia, Alicante, Cuenca y Madrid.

 

  • 418 recuperadas: entre 1999 y 2007 el Proyecto Esperanza ha atendido a 418 mujeres, procedentes de 20 países: el 62%, de Europa del Este; el 32%, de América Latina y el 6%, de África. El 60% tiene edades comprendidas entre 18 y 25 años; el 14% entre 26 y 30, y el 16% más de 30 años. El 55% desea permanecer en España.

trata de mujeres

 

Fuente:

APRAMP

http://www.apramp.org/

 

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad http://www.msssi.gob.es/ssi/violenciaGenero/tratadeMujeres/queEs/home.htm

 

Paloma Sousa Leal